martes, 2 de febrero de 2010

Doña Herlinda, su hijo y el ‘muy’ amigo de su hijo: “…Y en medio de nosotros, mi madre como un dios”.

Queridos lectores como se que a muchos les gustan mis críticas de cine (bueno eso espero) aquí les tengo una y se me siguen acumulando…

En esta ocasión quiero compartir con ustedes mi experiencia con “Doña Herlinda y su hijo” cinta de Jaime Humberto Hermosillo, uno de los directores más originales y polémicos del cine mexicano que se ha dado el lujo de tocar temas ríspidos para una sociedad todavía abrumada por la doble moral y acongojada por el qué dirán.

Tomando como base el cuento homónimo del escritor veracruzano Félix Jorge López Páez, Hermosillo dirige esta película que se aleja mucho de un drama y roza más en la comedia y sátira sobre los amores homoeróticos. Para aquellos que están imaginando algo así como “Secreto en la Montaña” de Ang Lee, los invito a que se atrevan a ver lo que un cineasta mexicano ya realizaba a mediados de la década de los 80 en un país como el nuestro. Por cierto, me estoy esforzando por conseguir otra película también de Ang Lee que sí es una delicia porque su ‘secreto en la montaña’ nada más no me emocionó, pero ya les contaré en su momento de cuál les estoy hablando.

“Doña Herlinda y su hijo” combina dos líneas, la que marca lo público y la que nos lleva a lo privado, contraponiéndose e irremediablemente mezclándose. Con esta película se marca una etapa decisiva en la historia cinematográfica mexicana de la homosexualidad al reflejar el estado de la sociedad en los años 1980.

Sus personajes principales, Rodolfo, Doña Herlinda, Ramón y Olga nos llevan por una aventura diferente donde nos muestran las múltiples caras que implica vivir en sociedad, donde la homosexualidad (sin mencionarse abiertamente) convive con las ‘buenas’ costumbres, lo políticamente correcto y la esencia de la familia.

¿Escenas subidas de tono? Las hay, digo para aquellos que busquen el morbo ¿Hombres besándose? Sí y mucho más… pero “Doña Herlinda y su hijo” ofrece mucho más. Recuerdo especialmente la secuencia de la fiesta de compromiso de Rodolfo y Olga cuando los padres de ésta le dicen a Doña Herlinda que su hija es zurda: Ella fantástica como es el personaje contesta: “¿En serio?, ¡Qué cosa tan curiosa! Rodolfo de niño también era zurdo, ‘nomás’ (Sic) que lo enseñé a ocupar muy bien la mano derecha e hice de él un maravilloso ambidiestro”. Y efectivamente es así como ese “maravilloso ambidiestro” vive felizmente su homosexualidad clandestina y dominante con Ramón (por cierto aquí encontramos algunas referencias al estereotipo del macho mexicano que tanto vimos con leyendas como Pedro Infante) y su heterosexualidad secundaria con Olga.

Interesante también resultan los diálogos y actitudes de Rodolfo y Ramón ante la inminente necesidad de ‘cumplir’ con lo que se debe hacer.

Otra secuencia digna de mencionar es la de la boda entre Rodolfo y Olga, matrimonio que dicho sea de paso resulta el escaparate ‘decente’ para resolver lo que la sociedad espera y pues el gustito que mamá necesita. En ésta, el sacerdote dice lo siguiente en su sermón:

“Éste es el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie y de suplir las imperfecciones del individuo que no puede bastarse a sí mismo para llegar a la perfección del género humano. Esto no existe en la persona sola sino en la dualidad conyugal. El hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como la parte más sensible de sí mismo, y la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte da al débil…” escuchándose con voz en off mientras Ramón (amante de Rodolfo) se retira ante un discurso que evidentemente no le corresponde.

Notarán que estoy dejando cabos sueltos en mi crítica. Sencillo, me gustaría que la vean y opinen por si mismos y que vayan más allá de lo evidente dejando a un lado las apariencias. Ojo con el vestuario y algunas tomas, también tienen cosas que decir en este discurso.

Uno podría esperar diferentes finales pero la película se termina con un retrato, en plano general muy en la onda de la sagrada familia: la madre sentada sonriente (Doña Herlinda fantástica como ya lo he mencionado), Rodolfo de pie a su lado y, al fondo, Ramón, Olga y el niño, sentados (¡ahh! porque todo matrimonio tiene el deber moral de tener descendencia) y la frase (más bien párrafo) que remata “¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo, los dos unidos siempre y amándonos los dos; Tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos una sola alma, los dos un solo pecho, y en medio de nosotros, mi madre como un dios!”… hay que ver la película para disfrutar tanto como yo este cierre. Por cierto, lo anterior es un fragmento del poema “Nocturno a Rosario” del poeta (Sic) coahuilense Manuel Acuña. Por último dedico esta entrada a mi buen amigo Jorge con quien vi la película y nos divertimos tanto.

Lo bueno

La forma en la que se aborda el tema gay sin caer en clichés
Ser una película mexicana y el tiempo en el que se realizó
Conocer que éste fue uno de los primeros trabajos de Guillermo del Toro como productor de la cinta.

Lo menos afortunado

El acartonamiento de los actores y la poca fluidez en la mayoría de las escenas.
Los diálogos cortados o demasiado sobreactuados que cortan el hilo a la historia

Lo malo

Lo difícil que es conseguir la película

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